La IA cambió el mundo. ¿Estamos cambiando nosotros?

Columna de opinión, María José Bon Directora de En Modo Emprendedor

Por mucho tiempo, como comunicadora, me resistí a usar la inteligencia artificial. Quizás por formación, por desconocimiento o simplemente porque sentía que podía reemplazar parte importante de nuestro trabajo.
Todo cambió cuando asumí las comunicaciones de una asociación gremial y por instrucción de su presidente, decidí sumergirme en este mundo. Al principio la vi como una asistente. Pero Poco a poco descubrí que podía ayudarme a redactar contenidos para mi medio y adaptarlos a distintos formatos para las plataformas digitales. Lo que antes me tomaba toda una mañana, hoy puedo realizarlo en menos de una hora.

Fue entonces cuando me pregunté cuánto podía cambiar la vida de miles de emprendedores.

La inteligencia artificial abre oportunidades que hace pocos años parecían inalcanzables. Permite automatizar tareas, aprender sobre nuevas áreas, desarrollar estrategias, crear contenido y perfeccionarse sin incurrir en altos costos. Para quienes están construyendo un emprendimiento o una startup, representa una herramienta capaz de reducir barreras y acercar conocimientos que antes solo estaban disponibles para grandes empresas o quienes podían pagar asesorías especializadas.

No es casualidad que hoy siete de cada diez pymes chilenas ya utilicen herramientas de inteligencia artificial.

La tecnología dejó de ser una promesa para convertirse en parte del día a día de las empresas.

Pero mientras más la utilizaba, más empecé a reflexionar y a notar algo que me preocupa.

Cada vez vemos más publicaciones idénticas, textos con la misma estructura y diseños que parecen haber salido de un mismo lugar. Muchas personas dejaron de utilizar la inteligencia artificial para aprender y comenzaron simplemente a copiar y pegar lo que esta les entrega.

Y no quiero que se malinterprete, no creo que la inteligencia artificial sea el problema.

Como dije hace algunos días en una reflexión de En Modo Podcast, las herramientas no son las culpables del mal uso que las personas hacen de ellas.

El verdadero riesgo aparece cuando dejamos de cuestionar, de investigar y de aprender por nosotros mismos.

Las grandes revoluciones tecnológicas nunca han sido solo tecnológicas. También han sido profundamente humanas. La imprenta transformó el acceso al conocimiento. Internet cambió la forma en que nos conectamos. La inteligencia artificial está cambiando la manera en que pensamos, trabajamos y aprendemos. Pero ninguna de esas tecnologías decidió por sí sola el rumbo de la sociedad. Siempre fueron las personas quienes determinaron si esas herramientas servirían para construir, para crear o para destruir. Con la inteligencia artificial espero que ocurra exactamente lo mismo.

A todo esto, se suma un tema del que hablamos muy poco: el impacto ambiental. Cada consulta que realizamos parece no dejar huella, pero detrás de esa rapidez existen enormes centros de datos que funcionan permanentemente, consumiendo grandes cantidades de energía y agua para mantener operativos sus sistemas. La innovación también tiene consecuencias y es nuestra responsabilidad conocerlas.

Hoy sigo aprendiendo con inteligencia artificial. No porque crea que tenga todas las respuestas, sino porque me obliga a hacer mejores preguntas. La veo como una asistente, no como una sustituta. Me ayuda a ordenar ideas, descubrir nuevos conceptos y profundizar en temas que luego estudio, verifico y hago propios.
Porque el verdadero valor no está en obtener una respuesta en segundos.
Está en convertir esa respuesta en conocimiento.

Creo que ese será uno de los grandes desafíos de nuestra generación: no conformarnos con usar la inteligencia artificial, sino aprender gracias a ella, sin dejar nunca de pensar por nosotros mismos.

La inteligencia artificial cambió el mundo.

La verdadera pregunta es si nosotros estamos cambiando con ella… o simplemente estamos dejando que piense por nosotros.

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