Columna de Opinión, directora de En Modo Emprendedor María José Bon
Cumplir tres años con En Modo Emprendedor me ha hecho mirar el camino recorrido de una manera distinta. Porque cuando una emprende, no todos los años son iguales. Hay períodos de crecimiento, momentos de entusiasmo y también etapas en las que las cuentas, la economía y las dificultades hacen que una se pregunte más de una vez si tiene sentido continuar.
Nosotros también hemos tenido altos y bajos. Hemos tenido que tomar decisiones difíciles y preguntarnos si seguimos o no. Y quizás una de las cosas que más me caracteriza como emprendedora es que soy porfiada. Cuando creo en algo, me cuesta soltarlo.
Mi motor siempre ha sido el mismo: el emprendimiento es parte de mi propósito de vida. Pero con el tiempo entendí que no bastaba con tener un propósito. También había que profesionalizarlo y construir una empresa capaz de sostenerlo.
En Modo Emprendedor nació cuando entendí que existía un dolor concreto dentro del ecosistema: muchas historias, iniciativas y oportunidades no estaban siendo comunicadas. Como alguna vez me dijo Braulio Guzmán, para encontrar una oportunidad de negocios hay que encontrar un dolor. Y ese dolor fue evidente para mí: el emprendimiento no era una noticia, aun considerando lo fundamental que es para la economía del país. Y, como comunicadora, hice mía la frase: lo que no se comunica, no existe.
Pero también entendí que no bastaba con contar historias. Había que estar realmente ahí. Sentir el emprendimiento, comprenderlo, conocer sus códigos.
Y en ese proceso me pasó algo que quizás no tenía contemplado cuando comencé: yo también aprendí a ser emprendedora.
Aprendí lo difícil que es llevar un negocio, sostenerlo, tomar decisiones y enfrentar los altos y bajos. Entendí que tener un propósito no elimina las dificultades económicas y que detrás de cada proyecto existe mucho más trabajo del que las personas alcanzan a ver.
En Modo Emprendedor nació en una región donde el emprendimiento muchas veces no encontraba espacio en los medios como una noticia en sí misma. Decidimos cambiar esa mirada. Comenzamos a contar historias, pero también a hablar de innovación, ciencia, tecnología, desarrollo territorial y de todos esos temas que requieren comprender un lenguaje técnico y especializado.
Porque comunicar sobre emprendimiento no es solamente entrevistar a un emprendedor y contar su historia. Es entender lo que hay detrás, comprender un proceso y conocer el lenguaje de quienes desarrollan tecnología, investigan, crean soluciones o levantan empresas desde regiones.
Durante estos tres años hemos ido creciendo y cambiando. Creamos En Modo Podcast, incorporamos columnas de opinión y reportajes, viajamos a otras regiones y llegamos a espacios donde antes prácticamente no existía una cobertura especializada sobre estas materias.
También hemos buscado ser un puente dentro del ecosistema: conectar emprendedores, empresas, asociaciones gremiales, instituciones públicas y privadas y, sobre todo, ayudar a que las historias y oportunidades se difundan.
Pero hay algo que para mí es especialmente importante: En Modo Emprendedor también es un emprendimiento y yo también soy una emprendedora, algo que a veces el ecosistema olvida.
A veces pareciera que, por ser un medio, debemos estar disponibles permanentemente para aportar, difundir y visibilizar sin considerar que detrás de cada publicación, entrevista, reportaje o producción existen horas de trabajo, recursos, equipos, inmersión y una empresa que necesita funcionar.
No digo esto desde la queja. Lo digo desde la experiencia de haber aprendido que tener un propósito no significa que una empresa deje de necesitar ingresos para sobrevivir.
Hoy miro estos tres años y veo mucho más que un medio digital. Veo una idea que logró convertirse en empresa, que ha tenido que adaptarse, profesionalizarse y aprender a competir en un mercado complejo.
Y sí, todavía hay días en que me pregunto si vale la pena seguir.
Pero después recuerdo por qué empezamos.
Porque el emprendimiento merece ser contado. La innovación merece ser comprendida. Y las historias que nacen desde nuestra región merecen tener un espacio.
Con estos años también he aprendido que cualquiera puede emprender. Se puede emprender en los negocios, en un proyecto, en una profesión o incluso en la vida. Pero para mí, el espíritu emprendedor no se define solamente por crear una marca o levantar una empresa.
El espíritu emprendedor es generar impacto en los territorios y provocar cambios en la vida de las personas que están a nuestro alrededor.
Quizás eso sea, finalmente, emprender: seguir construyendo incluso cuando no todos los años son buenos, aprender a sostener el propósito y tener la porfía suficiente para intentarlo una vez más.