Columna de opinión de Darío García Espinoza Ex Seremi de Economía, Fomento y Turismo de la Región de
O’Higgins y Emprendedor Turístico y Creativo.
“Gobernar un país no se trata únicamente de administrar planillas de cálculo; se trata,
fundamentalmente, de comprender dónde late su identidad y de proyectar sus motores
estratégicos de desarrollo. Históricamente, el turismo y la economía creativa han demostrado ser
vías privilegiadas para la descentralización, la generación de empleo y la creación de valor local.
Sin embargo, la actual conducción del Gobierno del Presidente Kast parece ignorar esta realidad,
asestando golpes críticos a sectores que sostienen a miles de familias chilenas y que representan
el alma de nuestras regiones.
Recientemente hemos sido testigos de un preocupante recorte del 62,8% en los programas de
industrias creativas, un sector fuertemente golpeado tras la última polémica en el GAM. Esta
desafección del Estado no es menor: la economía creativa representa el 2,2% del PIB nacional
y genera alrededor de 150 mil empleos en el país, consolidándose como un espacio dinámico
que impulsa sectores clave como el diseño, la música y el patrimonio. La creatividad es intrínseca
al ser humano, no distingue clases sociales, edad ni género.
A este desolador panorama cultural se suma la desarticulación del sector turístico. La actual
administración ha puesto en jaque y cuestionado severamente la Ley de Reactivación del
Turismo impulsada durante el gobierno del ex Presidente Boric. Aquella iniciativa legislativa,
nacida bajo el alero de una visión de Estado de largo plazo, buscaba inyectar recursos frescos y
potenciar la promoción internacional a través de una Estrategia Nacional de Turismo Sostenible
al 2035. Hoy, al desmantelar el corazón de ese proyecto, no solo se frena el crecimiento de un
sector que aporta sustancialmente al desarrollo nacional, sino que se asfixia la descentralización
productiva.
Para quienes hemos tenido la responsabilidad de liderar la cartera económica y turística en la
Región de O’Higgins y que hoy nos mantenemos activos como emprendedores en el territorio,
sabemos perfectamente que el turismo y la creatividad no son lujos. En Chile, las Actividades
Características del Turismo (ACT) emplean a más de 600 mil personas de forma directa, donde
cerca del 95% de las empresas que componen el sector son micro, pequeñas y medianas
empresas (Mipymes). Más aún, es una industria con rostro de mujer: el empleo femenino supera
el 45% en este rubro, posicionándolo como una de las principales herramientas de autonomía
económica para las mujeres en regiones.
En territorios como el nuestro, el foco del desarrollo no puede seguir la línea de la explotación
indiscriminada. Por el contrario, la prioridad debe ser la conservación medioambiental puesta en
valor a través del turismo sustentable. No se trata de congelar el paisaje, sino de convertir nuestra
biodiversidad, humedales y reservas en activos dinámicos que se protejan precisamente porque
generan bienestar y orgullo en las comunidades locales que los custodian.
Cuando el Estado central se repliega, la articulación local, la conservación y la
resiliencia de los territorios deben activarse con más fuerza que nunca.
Un claro y luminoso ejemplo de este empuje descentralizador tendrá lugar los próximos 11 y 12
de junio en la comuna de Pichilemu, que se convertirá en la sede de CircuitOH! 2026. Este
encuentro internacional, en su segunda versión, congregará de manera gratuita a
emprendedores, gestores culturales y empresas en torno a los desafíos del turismo sostenible y
las industrias creativas como verdaderos motores de desarrollo para O’Higgins. Organizado por
Evolución Producciones con el apoyo de Corfo, el evento no solo ofrecerá espacios de
transferencia y networking, sino que traerá valiosas experiencias internacionales como la de
María Claudia Parias, Directora General de Idartes Bogotá, quien compartirá el éxito de
articulación territorial del festival Rock al Parque.
Eventos como CircuitOH! 2026 cobran un sentido urgente y estratégico para provincias como
Cachapoal, Colchagua y Cardenal Caro. Son territorios con identidades profundas, donde el
turismo de sol y playa, el surf, el enoturismo y una gastronomía con pertinencia local conviven
de forma nativa con artesanos, diseñadores y creadores. Aquí es donde el concepto Glocal cobra
vida: pensar globalmente para actuar localmente.
La respuesta ante la desatención del actual Gobiernoo no puede ser la resignación. Ante el
abandono central, la asociatividad, el cooperativismo, la sustentabilidad y la innovación deben
ser nuestras herramientas prioritarias. El futuro económico de O’Higgins no se decreta desde
Santiago; se construye desde Pichilemu, Mostazal y Peralillo, desde nuestras caletas, valles y
comunas, demostrando que la cultura y el turismo sustentable siguen siendo el motor más
potente para el bienestar y la preservación de nuestras comunidades.”