Columna de opinión de Juan Claudio Higueras
“Cuando una persona pierde su trabajo o atraviesa una crisis económica, muchas veces emprender se vuelve una necesidad más que una opción. Con esfuerzo e ingenio, comienza a vender productos, ofrecer servicios o preparar comida. En ese camino, el primer lugar al que suele acudir es la municipalidad, donde encuentra apoyo básico, orientación y, sobre todo, un espacio donde vender: las ferias de emprendedores.
Estas ferias cumplen un rol fundamental al entregar visibilidad, contacto con clientes e ingresos inmediatos. Sin embargo, también pueden convertirse en una zona de confort que limita el crecimiento. Muchos emprendedores quedan estancados en ellas y no avanzan hacia nuevos canales de venta o formalización de sus negocios.
Para evitar esto, las municipalidades podrían organizar las ferias en niveles según el desarrollo del emprendimiento. Por ejemplo, ferias clase A para quienes recién empiezan, clase B para quienes avanzan, y clase C para negocios más consolidados.
El avance entre una categoría y otra debería depender de hitos claros: haber tomado capacitaciones, demostrar uso activo de redes sociales, formalizar el emprendimiento o crear nuevos canales de comercialización. De esta manera, las ferias pasarían de ser espacios de supervivencia a convertirse en verdaderas plataformas de desarrollo y crecimiento.
Con esta lógica de funcionamiento, las ferias podrían dejar de ser un destino final y convertirse en una etapa formativa dentro del camino emprendedor. El objetivo no es solo vender para subsistir, sino construir negocios sostenibles, con identidad, propósito y futuro. Para lograrlo, es fundamental la articulación entre el Estado, los municipios y también el mundo privado. Hay muchas herramientas disponibles, capacitaciones, financiamiento, redes de apoyo, pero están dispersas. Se necesita coordinarlas, organizarlas y ponerlas al servicio real de los emprendedores.
Con un enfoque más estratégico, muchas personas podrían salir del estancamiento, adquirir los aprendizajes necesarios y transformar su emprendimiento en un negocio rentable. Uno que no solo asegure el bienestar de su familia, sino que también sea un aporte concreto a la comunidad.”
